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Festival de Cine Latinoamericano de La Plata

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El Miércoles 28 de Septiembre, en el marco de la edición 2016 del Festival de Cine Latinoamericano de La Plata, la realizadora Cynthia Sabat presentará “Compañero Raymundo”, libro que rescata la vida y la obra del cineasta argentino Raymundo Gleyzer, desaparecido durante la última dictadura cívico militar. Luego se proyectará la copia restaurada de “Los Traidores” en el Taller del Teatro de la UNLP calle 10 e/ 54 y 55.

A continuación compartimos la biografía ” Películas imperdonables. El cine militante de Raymundo Gleyzer” por Ana Streitenberger publicada en Diciembre del 2013 – Revista La Verde. Edición(#4), 08-11 pp.


Raymundo GleyzerPelículas imperdonables

El cine militante de Raymundo Gleyzer

Por Ana Streinberger


Nació el 25 de septiembre de 1941 en Buenos Aires. Hasta 1976, el año en que desapareció en manos de la última dictadura cívico militar, se dedicó a hacer películas para transformar a su pueblo. Durante mucho tiempo, en nuestro país, solo fue recordado por quienes lo conocieron y trabajaron junto a él. Aún hoy es un hombre sobre el que cuesta hablar, tal vez, porque fue un crítico explícito del peronismo. “Los traidores”, su obra cumbre, cuenta la vida de un obrero metalúrgico que se convierte en líder sindical, se vende a la patronal y finge su propio secuestro para ganar las elecciones del sindicato. Como dijo Eduardo Galeano, hizo películas imperdonables. Por eso, desde La Verde, decidimos inaugurar la sección sobre cine con un breve repaso de su filmografía.

 

Los documentales

Raymundo Gleyzer estudió un par de años en la Escuela de Cine de La Plata pero dejó la carrera debido a que allí no se estaba haciendo el cine que él quería hacer. Sus compañeros lo recuerdan como un joven muy decidido, que no se enroscaba mucho con las cuestiones teóricas y que entendía que la realización cinematográfica debía ser una herramienta al servicio de la clase obrera y del pueblo.
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En 1963, mientras todavía cursaba en la Escuela, hizo su primer cortometraje La tierra quema, sobre la sequía y la emigración de campesinos en el noreste de Brasil. Viajó a esa región junto a uno de sus compañeros, Jorge Giannoni, pero éste regresó antes de terminar el rodaje. Durante su estadía allí se produjo el golpe de estado al gobierno de João Goulart por lo que el regreso a la Argentina, cargando el material filmado, fue muy peligroso. Una de las imágenes más contundentes de este documental es la de un niño desnudo que arrastra una caja de cartón, en la que se lee Alianza para el Progreso, a través de la tierra seca y ajada.

Luego realizó un par de documentales para la Universidad de Córdoba, “Pictografías de Cerro Colorado” y Ceramiqueros de Tras la Sierra”, en los que trabajó junto a Juana Sapire, su compañera y la sonidista de la mayoría de sus películas. Posteriormente desarrolló la trilogía “Ocurrido en Hualfín” junto al director etnográfico Jorge Prelorán. Es una serie de cortometrajes, realizados en la puna catamarqueña, en la que se retratan tres generaciones de campesinos que quedaron afuera del proceso de transformación que vivió el país con el peronismo.

En 1966 comenzó a trabajar como camarógrafo para el noticiero “Telenoche”. La producción más importante que hizo para este medio fueron los reportajes que filmó en las Islas Malvinas. Fue el primer argentino en obtener imágenes de la vida cotidiana de los colonos. Años más tarde, desde Cuba, envío al noticiero una cobertura sobre cómo se desarrollaba la revolución a cargo de Fidel Castro. En Argentina tardaron un tiempo en poner el informe al aire porque Raymundo comenzaba diciendo “Estamos acá, en el primer territorio libre de América Latina.”

Su primer largometraje fue “México, la revolución congelada”, un documental que muestra cómo el movimiento campesino, liderado por Pancho Villa y Emiliano Zapata, fue traicionado por la burguesía que decía representar al pueblo. Gleyzer se valió de los testimonios de varios mexicanos que habían luchado junto a Zapata y continuaban viviendo en condiciones de esclavitud, trabajando para un reducido grupo de hacendados las tierras que les habían prometido. La película recibió muchos premios alrededor del mundo. Mientras tanto, en Argentina, fue prohibida  por orden expresa de Luis Echeverría, quien asumió la presidencia de México en 1970 en nombre del PRI, Partido Revolucionario Institucional. En ese país se estrenó comercialmente treinta y seis años después de su realización.

De regreso en Argentina Raymundo comenzó a militar, cámara en mano, en el PRT, Partido Revolucionario de los Trabajadores, que tenía su propio brazo armado, el ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo. Filmó dos Comunicados destinados a difundir las acciones que llevaban adelante estas organizaciones. Uno de ellos fue el asalto al Banco Nacional de Desarrollo, del cual el ERP sustrajo casi cuatrocientos millones de pesos el 29 de enero de 1972. El segundo fue el secuestro de Stanley Silvester, gerente del frigorífico Swift de Rosario, quien fue liberado a cambio de mejoras en las condiciones laborales de los trabajadores.

 

La ficción

1472540_10202395847878478_30130288_oPor aquellos años empezó a desarrollar el proyecto de su primer largometraje de ficción. Quería profundizar en el tema de la burocracia sindical y su relación con el poder de turno pero entendía que abordarlo desde el documental tenía sus limitaciones, porque no iba a poder mostrar a los dirigentes más allá de sus discursos públicos o entrevistas periodísticas. Con la idea de hacer una película que desentrañe estas relaciones de poder y genere debate entre los obreros de las fábricas, comenzó a trabajar sobre un cuento escrito por el músico y actor Víctor Proncet, quien se inspiró en una noticia que había leído en un diario, el autosecuestro del sindicalista Andrés Framini.
A través de los recuerdos del personaje principal, el líder sindical corrupto Roberto Barrera, interpretado por Proncet, se sintetizan las luchas obreras desde el bombardeo en Plaza de Mayo en 1955, pasando por el Cordobazo, hasta 1972. A su vez, el film muestra la génesis de un ejército revolucionario de trabajadores llamado Comando Rosales Saldaño. También aborda la presión que ejercían los intereses económicos norteamericanos en la política argentina, así como la situación de las mujeres en las fábricas y su rol en la lucha armada.

La producción, el rodaje y la exhibición de “Los traidores” se llevaron a cabo con un bajísimo presupuesto y en condiciones de clandestinidad. Muchas veces, después de los debates que generaba la proyección, Raymundo y sus compañeros tenían que salir corriendo para que no los atrape la policía. La película volvió a exhibirse en nuestro país diez años después del retorno a la democracia.

 

Cine de la base

 

A partir de las dificultades que tuvo para distribuir y exhibir “Los traidores”, Raymundo comenzó a gestar el movimiento Cine de la base junto a Nerio Barberis y Álvaro Melián, con quienes también había trabajado en los Comunicados del PRT-ERP. En un principio el objetivo de este grupo era proyectar sus películas en fábricas, sindicatos, villas y en todos los lugares donde fuera posible que se reunieran las personas a las que se buscaba movilizar, no en un sentido partidario, sino para invitarlas a pensar y debatir sobre su poder como clase social. Luego se dedicaron a difundir esta experiencia fuera de Capital Federal, para que se formaran grupos similares en el interior del país que dieran respuesta a las problemáticas particulares de las provincias y los pueblos.

La idea que guiaba a este grupo de cineastas militantes era la del arte como herramienta para la lucha revolucionaria. Estos conceptos fueron desarrollados en un documento que se publicó el 4 de enero de 1974 en la Revista “Nuevo Hombre”. El manifiesto apareció firmado colectivamente por el Grupo Cine de la Base, pero Nerio Berberis indicó que, por el estilo con el que está escrito, debe haber sido redactado por Raymundo. En este sentido, uno de los pasajes más claros es el siguiente:
“El arte es siempre utilitario. Las clases dominantes siempre lo utilizaron como medio para imponer sus valores morales, éticos, filosóficos.

El artista revolucionario debe utilizar ese mismo medio para desarrollar, desde las bases, una escala de valores, una visión del mundo que corresponda a la ideología del proletariado, única clase social auténticamente revolucionaria. La tarea central del artista revolucionario es insertarse para su trabajo en el seno de las masas, establecer con ellas una relación dialéctica, un dar y recibir; desarrollar los valores del pueblo, valores que han sido castrados y mutilados por toda una cultura impuesta por la fuerza desde la colonización europea y la penetración imperialista yanqui.”

li-olvido-ni-perdonUno de las realizaciones del grupo Cine de la base fue el cortometraje “Ni olvido ni perdón”, sobre la masacre de Trelew que ocurrió en agosto de 1972, mientras filmaban “Los traidores”. A partir de las entrevistas a los sobrevivientes y los documentos de las denuncias ante la justicia lograron un film en el que se desmiente la versión oficial de los hechos, según la cual los militantes peronistas y de izquierda habían intentado escaparse de la prisión.

La última película que Raymundo llegó a terminar junto al grupo fue “Me matan si no trabajo y si trabajo me matan”, un documental sobre los obreros de la fábrica INSUD que se habían declarado en huelga para reclamar por mejoras en las condiciones de salud. Trabajaban en la fundición de plomo y muchos de sus compañeros morían enfermos de saturnismo. Como parte de este conflicto filmaron la última aparición pública del diputado peronista Rodolfo Ortega Peña, quien recibió a los obreros y fue asesinado por la Triple A cuatro días después.

Sin final

A principios de 1976 Raymundo viajó a Estados Unidos para hacer unos trabajos comerciales para una empresa pero esta filmación se demoró, por lo que decidió regresar a nuestro país a pesar de que todos sus amigos y compañeros le decían que no lo haga. Había comenzado la última dictadura cívico militar y los números de personas desaparecidas aumentaban salvajemente día a día. Volvió porque quería ver a su hijo, Diego, que tenía cuatro años. Luego, tenía pensado viajar hacia África donde iba a filmar unos documentales para las Naciones Unidas.

Se lo llevaron el 27 de mayo de ese año. Sus familiares encontraron su departamento saqueado y destrozado pero las películas y las carpetas con las investigaciones todavía estaban ahí. Raymundo fue detenido en el centro clandestino conocido como El Vesubio, donde también estaba capturado el escritor Haroldo Conti. Algunos sobrevivientes relatan que, como parte de las torturas, lo dejaron ciego. El 20 de junio fue la última vez que lo vieron con vida.Raymundo

Sin embargo, su obra, su legado, se mantiene vigente con cada nueva exhibición porque las injusticias y las traiciones que Raymundo Gleyzer se encargó de documentar a lo largo y ancho de Latinoamérica no se han terminado. Por eso, recuperar estas películas, muchas de las cuales pueden verse libremente en Internet, no solo es una invitación a conocer las historias ocultas en nuestros países. También es una gran oportunidad para repensar qué hay detrás del cine que estamos acostumbrados a ver en la actualidad. La última reflexión, tal vez innecesaria, tiene que ver con todas esas ideas que él tenía y quedaron truncas con su muerte que, de no haber ocurrido, andá a saber las películas que hubiese hecho.

 

Fuentes:  

“Raymundo Gleyzer. El cine quema” Fernando Martín Peña, Carlos Vallina. Ediciones de la Flor. Segunda edición. Noviembre de 2006.

“Documento: Cine de base, un arma revolucionaria” Revista Tierra en Trance. Reflexiones sobre cine latinoamericano. Número 12. Diciembre de 2013.

“Raymundo. La lucha de toda una generación de cineastas revolucionarios” Documental dirigido por Ernesto Ardito y Virna Molina. Diciembre de 2002.

A. Streitenberger (Diciembre 2013).Películas imperdonables. El cine militante de Raymundo Gleyzer. Revista La Verde. Edición(#4), 08-11 pp.

 

 

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